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LEYENDAS EN TORNO A LAS CUEVAS (y III)

Mundus Subterraneus Categoría de nivel principal o raíz: Artículos Martes, 17 Junio 2008 08:40

 

 

Bandoleros en la Cueva de Gato

Cuevas malagueñas

A lo largo de muchos años de actividad espeleológica, hemos ido reuniendo una serie de historias que nos han contado de viva voz pastores y campesinos, ó que hemos recuperado de libros más antiguos. Esta tercera parte del trabajo contiene una relación de cavidades con leyendas, ordenadas alfabéticamente, situadas en la provincia de Málaga. No es un trabajo exhaustivo, ni mucho menos, es sólo una primera recopilación que pretende interesaros y atraeros a ese mundo, en apariencia fantástico, pero que es siempre un reflejo de otro más escondido que, -al igual que el mundo subterráneo-, sólo espera que la curiosidad del ser humano intente desvelarlo.

 

 

 

Sierra de la Camorra Mollina

Imagen : Sierra de la Camorra, Mollina

 

 

ALMIREZ, Cueva del

En 1.976, cuando estábamos estudiando la zona de la Sierra de la Camorra, en Mollina, nos contaron una historia que , al parecer, databa de principios de este siglo (1).

Un hombre del pueblo, que se apellidaba o tenía el mote de Almirez, se le ocurrió una noche salir con otro compañero a robar aceitunas en una finca cercana. Cuando estaban en ello, y a

pesar del cuidado que pusieron en no ser descubiertos, fueron sorprendidos por la guardia civil. Al oponer resistencia se produjo un tiroteo y el amigo de Almirez cayó al suelo muerto. El huyó hacia la sierra y se escondió en una cueva. Durante muchos dias la guardia civil lo buscó sin lograr dar con él. Ya empezaron a darlo por muerto, pero como tampoco aparecía su cadáver pensaron que tendría que estar escondido en lo alto de la sierra.

La búsqueda se reforzó y por fin lograron dar con su escondrijo en una cueva que desde entonces se le conoce por su propio nombre. Pero el hombre no estaba dispuesto a dejarse atrapar tan fácilmente, y el resultado fue que dos guardias civiles resultaron heridos; se tuvieron que retirar sin lograr hacerle prisionero. En vista de todas las dificultades, buscaron a alguien que subieran a hablar con él para convencerle para que se entregara a la justicia. Un médico amigo suyo de Antequera fue hasta la cueva y después de prometerle que no le iban a condenar, consiguió que bajara al pueblo.

Hay otra versión de esta historia que dice que no se consiguió dar con él, pero que pasado algún tiempo se le vio por algunos cortijos de la zona trabajando como temporero, y así se supo que había estado refugiado durante algunos meses en una cueva de la zona, que desde entonces se la conoce por su nombre.

 

Alpandeire

Alpandeire

AGUA, Cueva del


Esta leyenda es recogida por el historiador malagueño Diego Vázquez Otero en su libro Tradiciones Malagueñas (2). Dice haberla oído en varios pueblos con ligeras modificaciones. En resumen, trata del castigo ejemplar que una aldea insignificante dio a un ambicioso pastor moro. Vicente Espinel ya la mencionaba en su libro El Escudero Marcos Obregón (3) en el Descanso 14, y cuenta que su amigo Don Juan de Luzón se la refirió. Espinel hace intervenir en ella a sólo dos pueblos: Balastazar y Chúcar, ya desaparecidos, aunque son en realidad tres los pueblos que, supuestamente, reciben las aguas procedentes de la gruta, y que son Balastar, Júzcar y Pandeire.


Moretti también la refiera en su Historia de la muy noble, muy leal ciudad de Ronda, pero el protagonismo lo hace recaer en un personaje llamado Tajarillo. La versión recogida por Diego Vazquez (4) dice así:


"Hay tres pueblecitos en la sierra de Ronda: Balastar, Júzcar y Pandeire, entre los cuales andaba un cabrero musulmán apacentando su ganado. Apretóle la sed y no hallando agua ni señal donde pudiera haberla, desapareciósele un perro, y al cabo de algún tiempo vino mojado todo y muy contento; coleando al amo y haciéndole muchas fiestas. Extrañado de aquello el cabrero, le dio muy bien de comer y lo ató aguardando a que le tornase la sed, diligentísima despertadora de la pereza. Atóle un cordel y dejóle ir y siguiendo el amo, fue saltando matas, rasgándose las manos y el rostro y siguióle con todas estas dificultades hasta que en unas grandes espesuras se adentró por la boca de una cueva que por debajo de altos riscos estaba naturalmente hecha, con algunos resquicios que le daban luz que había menester. En medio de la cueva había un clarísimo arroyo que se dividía en tres partes: bebió el moro e hinchó su zaque y admirado de la novedad, dio en una traza, a su parecer buena, que después le costó la vida; y fue que atajó con unas piedras dos de aquellos arroyos, echando toda el agua por una parte para ver al día siguiente a donde iba a parar.


Fue a ver su ganado y averiguó al día siguiente que había faltado el agua en Júzcar. El moro que sabía el secreto fuese al pueblo diciendo que si se lo pagaban bien, les daría su agua y otra tanta más, y contó el caso como había sucedido. El poco tiempo que les faltó el agua los obligó de manera que le dieron doscientos ducados porque les diese su agua y parte de la de los otros pueblos. En recibiendo su dinero fue a la cueva y soltó el agua por aquella parte en mayor cantidad. Viéndose con su agua tan crecida, conociendo la inconstancia y codicia del cabrero, antes que los de Balastar y Pandeire le corrompiesen con esperanza de mayor interés acordaron los de Júzcar darle garrote, quedándose con la mayor parte del agua y el moro sin vida, sin que hasta hoy se haya sabido en qué parte está el secreto del célebre manantial ni el lugar en que se bifurca. En la actualidad se ven rastros de que en algún tiempo llevó el agua otra dirección, por las guijas y piedras que la manifiestan".


Así refiere la leyenda narrada por Vázquez Otero, que a su vez la tomó del poeta y músico Vicente Espinel, y que procedía de la tradición popular.

 

Cueva de Belda 2

Cueva de Belda

BELDA, Cueva de


Acerca de esta cueva, situada en las cercanías del pueblo de Cuevas de San Marcos, se narra desde muy antiguo unas historias relacionadas con un personaje siniestro que en ella tenía su morada. Diego Vázquez Otero la recoge (5) y dice así:


"En la Cañada donde hoy se asienta el pueblo de Cuevas de San Marcos, entre los cerros Toscares y Martillo, al pié de la Sierra El Camorro, en las estribaciones de la de Archidona, se emplazó antiguamente una ciudad romana: la rica Belda, núcleo importante en aquel entonces. Afirma la tradición que los moradores de la expresada ciudad, apercibidos de los robos y atropellos que venían cometiendo los vándalos, uno de los pueblos germanos que destruyeron el Imperio romano de Occidente, acordaron ocultar sus joyas y tesoros en la gruta que aún se conoce con el nombre de Belda, para librarlos de la rapacidad de aquellas hordas feroces. Muertos ó desaparecidos los habitantes de la famosa ciudad, quedaron los tesoros encerrados en la cueva. A su busca se vienen entregando los hombres desde entonces, pues no faltan en nuestros dias quienes se esfuerzan en cavar y remover la tierra, soñando encontrar el oro y las joyas depositadas en aquellos ámbitos que dieron cobijo al propio Lucifer, considerado su dueño."

 

En torno a esta cueva lóbrega y misteriosa, que doselan caprichosas estalactitas, se han urdido infinidad de leyendas como la que refiere que, al descubrir los tesoros, tras penosos trabajos, en el momento de ir a posesionarse de ellos, al tocarlos, quedaban convertidos por arte diabólica en renegridos carbones.

Hacia 1.650 empieza a correr en Cuevas de San Marcos la leyenda acerca de un misterioso personaje enlutado, de barbilla puntiaguda y mirar siniestro, que se dejaba ver en los más apartados rincones de aquellos lugares: labradores y arrieros lo habían visto en la Cañada de Prado Hondo, Huertas del Torbiscal, en el camino de Antequera y en el de Iznájar, y hasta más de un pastor lo vio caminar cruzando las Sierras del Mal Nombre y Peñas Altas.

cueva de Belda 1Antes de estas apariciones sólo se le había visto en la Gruta de Belda, de la que no salía, siendo el encargado, según opinaban todos, de custodiar y vigilar los tesoros que en su seno guardaba. También se hablaba de que este personaje en cierta ocasión pagó al barquero para cruzar el río Genil con varias monedas de oro, y cual no sería el asombro de aquel cuando encontró más tarde las monedas convertidas en trozos de carbón. Se oía contar que más de una vez, al sonar la primera campanada de la queda, a la medianoche, la cueva se iluminaba con una luz extraña, y se percibían gritos horribles y aullidos infernales. Entonces se le veía andar de un lado para otro, ejecutando conjuros y evocando a los espíritus malos para celebrar aquelarre.

Cierto día, al caer la tarde, unos guerreros cristianos de los que combatían a los moros en la frontera, se equivocaron de camino y, extraviados en aquellas sierras, fueron a acampar para pasar la noche en la entrada de la cueva. A medianoche vieron aparecer en ella un dragón horroroso, al tiempo que salía del antro gran cantidad de humo que oscureció la luna que brillaba en medio del firmamento. Llenos de espanto, huyeron despavoridos, a pesar de haber probado en combates su valor y fiereza.

De vuelta al Real, pusieron el hecho en conocimiento del Capellán, un frailecito de la Orden de Santo Domingo, muy inteligente y animoso. Al día siguiente ordenó a los que habían presenciado el hecho que le acompañaran a la cueva a la medianoche, con el fin de atar al diablo y conseguir ahuyentarlo para siempre de aquel lugar. Los soldados, no sin algún recelo, pero alentados por el valor del Capellán, le acompañaron hasta cosa de un tiro de bala de arcabuz de la entrada de la gruta, a la que se dirigió solo, precisamente en los momentos en que la torre de la Iglesia dejaba caer la primera campanada de la queda.

Cueva de Belda 3Apenas se extinguió la vibración metálica, el personaje enlutado encendió un hachón verde y a su luz púsose a leer en un mamotreto enorme. Poco después, separó la vista de los pajizos pergaminos, pronunció unas palabras, trazó en el aire unos signos cabalísticos y, de súbito, apareció en el suelo de la oquedad como un lago de fuego que la iluminó toda con un resplandor siniestro, como luz de azufre. Al mismo tiempo, comenzaron a volar sobre el lago en llamas murciélagos gigantescos y a salir serpientes de todos los tamaños que se retorcían y enroscaban en las columnas petrificadas. El enlutado mismo desapareció convertido en uno de aquellos repugnantes reptiles.

El fraile, de cuerpo pequeño, pero de alma grande y templada, no se arredró. Pronunció fervorosamente el nombre de Jesús y penetró resueltamente en la cueva, sin que el fuego del suelo quemase sus pies. Sacó la Cruz que llevaba oculta en el pecho. Al elevarla apareció nimbada de vivísimo resplandor celestial, colocándola después sobre un montón de tierra que tenía la forma de un ara, en donde crecían unas flores amarillas que anudó para significar simbólicamente que el diablo quedaba vencido en aquella batalla y atado a los pies de la Cruz de Cristo. Al instante oyóse en el interior una explosión formidable que hizo retemblar la tierra.

El fuego del suelo desapareció, quedando convertido en un lago de aguas cristalinas, que aún existe, y quedando el recinto iluminado del resplandor de la Cruz, cuya sola vista hizo huir a los malos espíritus que no volvieron a presentarse en la gruta. De entonces data la costumbre de los vecinos de Cuevas de salir al campo todos los años en la festividad de San Marcos el 25 de Abril, para atar al diablo. La sencilla ceremonia consiste en echar un nudo en los jaramagos, a la sazón en plena florescencia, y consumir a continuación una abundante y suculenta merienda, todo ello bajo el azul de un cielo radiante.

 

BERRUECO, Cueva del

Vázquez Otero cuenta la siguiente leyenda acerca de esta cueva situada en el término provincial de Cortes (6), en las cercanías del peñón del Berrueco, donde hace muchos años existía un poblado llamado Berruecos:
"Muchos años después de haber sido expulsados de España los moriscos, llegaron de África algunos descendientes de éstos con el propósito aparente de comprar seda. Pero la realidad era que tenían la intención de averiguar la situación de la Cueva de Berruecos en cuyo interior sus antepasados habían escondido gran cantidad de oro y piedras preciosas antes de partir para al exilio.

Después de estar en el pueblo de Cortes realizando compras, partieron al atardecer hacia el poblado, llegando hasta una fuente donde se hallaba el único mesón de los alrededores. Allí pasaron la noche, y al día siguiente seis de ellos se dirigieron al lugar donde se encontraba la cueva. Al llegar a la entrada sacaron sus pergaminos y, unos campesinos que por allí trabajaban vieron como los seis hombres de aspecto extranjero discutían entre ellos, medían con pasos sobre el terreno y consultaban los pergaminos. Después de esto, cuatro de ellos penetraron en el interior de la gruta, quedándose los otros dos a la entrada, como esperando la salida de sus compañeros.

Empezó a pasar el tiempo y los de dentro no salían. Sus dos compañeros empezaron a dar muestras de inquietud, que fue en aumento a medida que las horas iban pasando. Entraban y salían con frecuencia, intentando escudriñar aquellas tinieblas, escuchando con ansiedad cualquier ruido que proviniera de aquellos ámbitos tenebrosos. Pero nada: ni el más pequeño rumor se percibía. Un silencio aplastante reinaba en el interior. Desesperados, viendo que el sol se ocultaba ya tras aquellas colinas, llamaron a los campesinos que recogían sus aperos para marchar, y les preguntaron si la gruta tenía otras salidas. Contestaron que no. Los labriegos trataron de calmar a los dos hombres diciéndoles que tuvieran en cuenta lo vasto de aquella cavidad y sus intrincadas galerías.

Entraron dentro con antorchas dando grandes voces, llamando a los perdidos. Pero todo fue en vano. Nadie respondía. Pasaron varios días y no se obtuvo ningún resultado en todas las veces que se entró en su búsqueda. No había duda que aquellos desventurados debieron despeñarse por algún abismo ó fueron aplastados por las piedras. Lo cierto es que jamás se volvió a saber de ellos. Transcurrida una semana, los moriscos, llenos de pena, abandonaron el lugar dejando sepultados en la cueva a sus amigos".

 

CARNERO, Sima del
Esta historia se escucha en los pueblos de los alrededores de la Sierra de Jarestepar (7):
"Estando un rebaño de ovejas cerca del Pico de Jarestepar, en un lugar denominado hoy Majá del Carnero, dos carneros sostenían una lucha muy cerca de la boca de una sima, con tan mala fortuna que en uno de sus múltiples saltos, cayeron al interior del pozo, no pudiendo ser recuperados debido a la enorme profundidad del mismo".


Localizacion de Sima del CarneroExplorada posteriormente por nosotros esta cavidad resulto ser una sima de apenas 22 metros en un solo pozo. Es evidente que el pastor que cuidaba del rebaño arguyó este suceso con la intención de hacer desaparecer un par de carneros sin que el dueño pudiera acusarlo de robo. De ello quedó en la zona el comentario que la sima del Carnero es tan profunda que no se le ha visto el fin.

 

Imagen: Localización de la Sima del Carnero. Loreto Wallace

 

CHIRRI ó GUIFEROS, Cueva del


Esta cueva se encuentra en la Sierra del Torcal, en el lugar denominado Camorro de Mataverde, abriéndose su boca a 1.074 m.s.n.m.Según Bernaldo de Quirós, en ella se escondió el bandolero llamado Antonio Díaz Muñoz, conocido con el apodo de Chirri y también por el de Chimeneas.

Sin embargo la historia, al parecer era bien distinta. No se trataba de un bandolero, sino de un legionario que en el año 1.931 huyó a la sierra buscando apartarse de la sociedad, guiado, seguramente, por problemas personales ú otros motivos ignorados. Cuando bajaba a los cortijos para pedir comida para siete, se pensaba que ése era el número de personas que componía su banda de salteadores, y la realidad era que pedía comida para siete dias, ya que ése era el tiempo que permanecía oculto en su cueva hasta que bajaba de nuevo por comida.

 

Fuente Quebrada

 FUENTE-QUEBRADA, Cueva-Surgencia de la
Esta surgencia se encuentra en el término de Casarabonela. Existe la creencia entre los habitantes del pueblo de que la fuente es la marca de agua de toda Andalucía, y es considerado nefasto en aguas y en suerte, para toda la región, el año que no brota. Las dos últimas veces que ha brotado el agua en la surgencia, y que tengamos documentado, han sido en 1.968 y en Enero de 1.977 (8)

 

 

GATO, Cueva del
Esta cueva, conocida desde siempre por los habitantes de estas sierras debido al gran tamaño de su dos bocas, ha sido utilizada en épocas muy remotas, como lo prueba la cantidad de restos cerámicos neolíticos y del Bronce que se han hallado en su entrada en diversas excavaciones (9).

Francis Carter, viajero británico del siglo XVIII, en su conocido libro Viaje de Gibraltar a Málaga reseña una leyenda relacionada con ella y que dice textualmente: (10).

" La Cueva del Gato merece el primer puesto entre las maravillas de la Serranía de Ronda: tiene casi una legua de larga y una altura increíble; el río Guadiaro, como ya he dicho, corre en su interior, añadiéndosele una corriente considerable que nace en esta misma cueva; sin embargo hacia finales de año se puede entrar, puesto que entonces el río está más bajo; cuando estuve en Ronda, en el mes de mayo, se podía penetrar; los que por curiosidad habían entrado hasta donde pudieron me aseguraron que habían penetrado un cuarto de legua cuando tuvieron que detenerse ante un profundo lago, en cuyas orillas se veían las ruinas de un gran edificio, del que todavía quedaban en pie el portal y parte de las paredes; entre los del lugar corre el rumor de que este edificio era un templo dedicado a los dioses infernales".

Esta historia, que corría entre los lugareños, vuelve a ser mencionada por otro inglés , William Jacob, en su libro Travels in the south cuevadelgatoof Spain (Londres, 1.811). Más adelante, en 1.838, el capitán Rochfort Scott, en su libro Excursions in the mountains of Ronda and Granada, with caracteristic sketches of the inhabitants of the south of Spain, describe estas ruinas, pero atribuyéndolas a una época romana y no a un templo de los dioses.

En el siglo XIX la cueva sirvió de refugio a los bandoleros que asolaban la serranía de Ronda. El pintor sevillano Barrón y Carrillo lo reflejó en su óleo titulado Bandoleros en la Cueva del Gato (11).

Manuel Barrón y Carrillo: "Bandoleros en la Cueva del Gato"

 

HIGUERON, DEL SUIZO, ó DEL TESORO, Cueva del
Ésta es sin duda la más carismática cueva malagueña en cuanto a leyendas se refiere. Nada menos que se recogen tres acerca de ella: la leyenda del Tesoro de los 5 reyes mahometanos, la del Suizo y la hipótesis de Manuel Laza Palacios de que en su interior se rendía culto a la diosa Noctiluca (12). ¿Quién no ha oído hablar sobre los largos años de trabajo y estudios dedicados por el viejo profesor a su querida cueva?.


Los datos más antiguos que tenemos sobre la cueva se remontan al siglo XVIII, cuando el canónigo D. Cristóbal Medina Conde publica bajo el seudónimo de Cecilio García de la Leña, la obra titulada Conversaciones Históricas Malagueñas (13). En ella se cuenta cómo en el año 86 a.C. vino huyendo a España el romano Marco Craso, hijo del cónsul Licinio Craso, el cual había sido asesinado por orden de los tiranos Mario y Cinna. Temiendo que hubiesen represalias, partió a toda prisa acompañado de tres amigos y diez esclavos, llegando a las costas malagueñas en donde tenía un amigo llamado Vivio Pacieco. Este hombre se prestó a ocultarlo en una cueva que se abría en su heredad, en la zona llamada Los Cantales. Allí estuvo escondido durante ocho meses, hasta que supo de la muerte de Cinna. Esta historia la recoge Medina Conde de un autor anterior: Fray Antonio Agustín de Milla y Suazo, que la menciona en su obra aún inédita titulada Historia Eclesiástica y Secular de Málaga y su Obispado.


Respecto a la leyenda del tesoro de los 5 Reyes Mahometanos, D. Manuel Laza cuenta que allá por los años cincuenta, su tío Enrique Laza lo llamó a su despacho y puso ante sus ojos asombrados la escritura de unos terrenos comprendidos en la zona llamada Los Cantales, en el Rincón de la Victoria. Pero eso no era todo: en ellos se abría la boca de una cueva conocida por Cueva del Higuerón ó del Suizo, debido a una trágica leyenda que a ella se refería. Su tío le contó que siendo estudiante, allá por el año 1.888, un profesor suyo le encargó como trabajo de verano el cazar unos cuantos murciélagos, ya que preparaba un trabajo sobre dichos mamíferos. Así pues, una tarde en unión de dos compañeros, organizó una visita a Los Cantales a tal fin. Siguiendo textualmente a D. Manuel:

"...dejada la diligencia en Benagalbón, tomaron un refrigerio en una venta, junto al camino. Ya se disponían a subir a las cuevas del vecino Cantal, pero al preguntar al ventero por el camino mejor para llegar a ellas, éste, con cara de extrañeza, exclamó: -¿pero, es que vais a mirar allí?-, mi tío alegremente le contestó- pues, claro, hombre, para eso hemos venido -. - No hagan Udes. eso - replicó el ventero - ¿no saben que de ahí sale el alma en pena del Suizo?. Ante la expresión expectante y socarrona de tío Enrique y sus amigos el ventero prosiguió, - pues , sí, ya hace bastantes años que ahí dentro se mató el Suizo, sí, un Suizo que vino y se puso a buscar un tesoro, que dicen que escondieron ahí los moros... por lo que se dice el pobre hombre se mató o se quedó enterrado, nadie volvió a saber de él...muchas noches allá en lo alto del Cantal se ha visto su alma en pena; yo mismo la he visto, nadie pasa por allí de noche, esa cueva está maldita. Desde entonces la llamamos Cueva del Suizo" (14).
Cueva del Tesoro 2El espíritu inquieto de D. Manuel Laza quedó atrapado en la magia de aquella historia, y dedicó el resto de su vida a la búsqueda de aquel tesoro. En primer lugar, comprobó que el Suizo fue un personaje real. Un anciano de aquellos contornos le dijo que su padre había conocido a Alfredo el Suizo. Pero no le pudo dar más datos, ya que era muy niño cuando su padre se lo contó. Había además otros datos que lo confirmaban. En la escritura de los terrenos, fechada en 1.895, se indicaba : "una suerte de tierra de pastos, situada en término de Benagalbón, paraje que llaman El Cantal y sitio conocido por Cueva del Suizo". Volvía a aparecer la referencia a este personaje.

En una antigua revista malagueña El Museo, en el año 1.874 aparece un artículo de D. Fco. Bergamín García. En él se hace referencia a este extranjero llamado Antonio de la Nari, que en 1.847 se hallaba ya excavando en esta cueva, perdiendo la vida en una de las explosiones producidas por los barrenos que utilizaba para desobstruir las galerías. Debió venir a Málaga a principios del siglo XIX, conociendo la leyenda del tesoro de la cueva, que era muy popular entonces ya que hacia pocos años que Medina Conde , bajo el nombre de su sobrino Cecilio García de la Leña, había editado su obra Conversaciones Históricas Malagueñas, en la que se habla de la citada leyenda (15).

La tradición de que en esta cueva fue escondido un tesoro es muy antigua, habiendo constancia de ella ya en los finales del S.XVII en que Fray Antonio Agustín de Milla y Suazo, predicador dominico, la recoge en su Historia Eclesiástica y secular de Málaga y su Obispado, obra que no llegó a publicarse, pero que sirvió para que Medina Conde conociese la leyenda y la transcribiese en sus Conversaciones. La leyenda inicial en torno a la gruta era que el tesoro ocultado allí procedía de los hamuditas, cuyo último soberano, Mohamed II Almostalí tuvo que huir al caer la ciudad en manos de los monarcas granadinos, allá por el año 1.055 Según D. Manuel Laza, el tesoro procede de los almorávides que reinaron en el S.XII, y fue mandado esconder por su rey Tasufin ibn Alí. Para ello se basa en el hallazgo de seis dinares de oro del citado rey, que se hallaron cerca de la cueva, en el interior de un candil (16).


Cuando era virrey almorávide de Al-Andalus Aben Gania, se hallaba en el trono de Marruecos su hermano de padre Tasufín ben Alí. Este rey había mandado reunir todo su tesoro en un castillo que poseía en Orán. Los tiempos estaban revueltos, los almohades se habían sublevado, y Tasufín sufrió una gran derrota en Orán. Temiendo perder todas sus riquezas, mandó embarcarlas en diez galeras con rumbo a España, pero cuando quiso huir se despeñó en los acantilados y murió. Las diez galeras llegaron a España, desembarcando en un lugar de la costa andaluza, que según Manuel Laza debió ser en el puerto de Bizmiliana, en el Rincón de la Victoria, ya que su gente era fiel al virrey Aben Gania. El virrey, al saber la noticia del desastre de Orán, logró llegar a la costa a escondidas de los sublevados almohades. Durante ocho meses las crónicas no vuelven a dar noticias de las andanzas de Aben Gania. De los tesoros embarcados nunca más se supo, aunque desde entonces empezó a correr el rumor de que se hallaban ocultos en una cueva de Los Cantales. A través de los siglos ha perdurado esta maravillosa historia. El tesoro se ha buscado desde entonces sin haber logrado nadie dar con él. ¡Quizás la magia de buscar un tesoro esté en la propia búsqueda!


Respecto a considerar la cueva como el Santuario de la diosa lunar Noctiluca, D. Manuel Laza se basa en la Ora Marítima de Festo Avieno. En ella se citan tres santuarios en nuestra península: uno dedicado a Hércules, en el Peñón de Gibraltar; el segundo consagrado a Venus, en el Cabo de Gata (Almería), y por último, el tercero y más importante, el consagrado a la diosa lunar Noctiluca (17). Según esta obra, existió cerca de Málaga una isla consagrada a esta gran diosa mediterránea. D. Manuel la localiza en la desembocadura del río Totalán a un kilómetro en línea recta de la cueva.

cueva-tesoroDurante sus excavaciones en las salas del fondo de la cueva, advirtió una roca que tenía la forma de una mujer envuelta en un manto, con una especie de ojo circular en lo que se podría considerar la cabeza. A los pies, otra roca en forma de "altar bicorne", todo ello debido a la erosión natural de la piedra caliza. Del suelo recogió un polvillo blanquecino, que una vez analizado, resultó ser cenizas de huesos.

Imagen Diosa Noctiluca y altar bicorne

 

Todo eso le trajo inmediatamente a la mente el santuario lunar de la Cueva de Psycro, en la isla de Creta, en cuyo interior se inmolaban animales a los pies de una roca de forma semejante. Asimismo, la descripción de la diosa Cibeles -que es otro de los nombres que se dan a esta diosa lunar mediterránea- narrada por Tito Livio, le afirmó en su idea de que la Cueva del Higuerón había sido utilizada como santuario por los primitivos pobladores de nuestras costas mediterráneas.

 

 

HONDA, Sima
En la Sierra de los Caballos, próxima al pueblo de Sierra de Yeguas, el grupo espeleológico de Campillos exploró esta sima, denominada Honda, y que dio como resultado una profundidad de sólo 65 metros. En sus cercanías se encuentra el Cortijo Rejano. Los lugareños que en él habitan contaron que esa sima debía ser "muy honda" porque en cierta ocasión cayó en ella un perro y varias noches después se le oía ladrar por debajo del cortijo, a pesar de que éste se encuentra a más de quinientos metros de la sima (18).

 

LLANO QUEMAO, Cueva de
El grupo espeleológico S.E.M. de Marbella recoge en su Guía Espeleológica editada en 1.985 el testimonio de una persona que conoció al término de la guerra civil a un grupo de vecinos, que debido a sus ideas políticas, no atreviéndose a volver al pueblo, se refugiaren en la cueva de la que sólo salían de noche (19).Esta misma persona aseguraba que les facilitó en alguna ocasión comida, ayudándoles en su difícil subsistencia.

 

MARIAVELA, Cueva de


CalamorroEn la Sierra de Torremolinos, en su parte más alta, se abre esta pequeña cueva. Su entrada, de reducidas dimensiones, está muy disimulada. Acerca de ella se cuenta una historia que al parecer data de finales del siglo XIX. y que dice así:

Por aquellos tiempos, hacia finales del siglo XIX, unos bandidos tenían aterrorizadas a las gentes, asaltando las diligencias que pasaban por el camino de la costa. El jefe de ellos era un hombre cruel y sin escrúpulos, que no reparaba en nada para conseguir sus propósitos. Entre los bandidos empezó a reinar un gran malestar ya que algunos de ellos no estaban de acuerdo en la manera de repartir el botín. Unos cuantos decidieron quedarse con parte de él ocultándolo en esta pequeña cueva, ya que se hallaba apartada de los caminos y era difícil de encontrar. Uno de los bandidos vigilaba siempre la entrada. Acordaron una contraseña: una hoguera encendida significaba que el camino estaba libre y no había peligro de subir hasta allí. Los habitantes de los alrededores, al ver las luces, empezaron a correr el rumor de que en lo alto de la sierra se aparecían las ánimas, y nadie se atrevía a acercarse por allí. Pero el jefe de los bandidos, que hacía tiempo había empezado a sospechar que algunos de sus hombres le hacían traición, se puso a vigilarlos estrechamente. Una noche, que brillaba la luz en lo más alto de la sierra, los siguió hasta el escondite, y confirmadas sus sospechas, los mató en la entrada de la cueva (20).

 

OSCURA, Cueva
Vázquez Otero, en su libro "Pueblos Malagueños" cita esta cueva (21) haciendo referencia a ella de la siguiente manera:
"Es muy celebrada por sus estalactitas y estalagmitas, por su extraordinaria extensión y por las consejas que en sus antros han tenido lugar. Afirman no habérsele visto el final nunca, y que personas que en cierta ocasión se decidieron a entrar, no pudieron volver, pereciendo en el dédalo de sus oquedades".

 

PALARGO, Sima del
Se sitúa esta sima en la Sierra Crestellina, en Manilva, donde a pesar de varias jornadas de prospección en ella no logramos localizarla. Cerca del lugar en que en principio se nos indicó como la posible ubicación, encontramos una cantera de roca caliza, con lo que es posible que dicha explotación haya destruido la cavidad.
Esta leyenda la oímos de viva voz a un pastor de la zona, en el año 1969, que decía haber conocido al protagonista de la historia, pero no recordaba con absoluta precisión el lugar en que se ubicaba la sima en cuestión. Se cuenta de esta sima que un pastor de la comarca que quería averiguar la profundidad de la misma. En sus paseos al cuidado de la piara de cabras que tenia a su cargo se pasó más de una semana confeccionando cuerdas, con la fibra de pitas que él mismo preparaba. Así logró reunir un gran número de brazas hasta que ya se aburrió de tanto trenzar cuerdas. Ató al extremo de ésta una piedra de medianas dimensiones y fue dejándola caer en el interior del abismo. Apuró hasta el último cabo de los tejidos, sin que en ningún momento aflojara la tensión de la piedra que pendía del extremo. De aquí surgió el comentario de que la profundidad de esta sima iba para largo, lo que en forma de contracción coloquial suena como palargo.

PITILLA DEL PERRO, Poza de la


Esta leyenda nos la contaron unos cazadores en un bar del pueblo de Cartajima mientras tomábamos con ellos unas copas de vino que nos sirvieron de cena un sábado, previo a una jornada de exploración en la sierra de los Riscos. Se refiere a un pastor que apacentaba su ganado en los montes de la Sierra del Oreganal, en los que el agua escasea. Un día, hallándose bajo un sol abrasador, su perro se alejó, volviendo al rato muy alegre, con síntomas de haber aplacado su sed en algún lugar. Por más que intentó dar con el sitio no lo logró, ya que no conseguía que el animal lo llevara hasta allí. Esto se repitió varias veces, ya que en una hora del día el perro desaparecía en un momento de descuido, reapareciendo una vez calmada su sed. El pastor decidió de una vez por todas aclarar el misterio. Al día siguiente ató al animal al tronco de un árbol, no dándole de beber en toda la mañana. Al mediodía, cuando el sol más quemaba, lo soltó y se dispuso a seguirlo sin que se apercibiera de ello. Y así fue cómo descubrió que se dirigía hacia la parte baja de una roca, y al asomarse encontró una pequeña poza de agua fresquísima.

Este lugar nos fue mostrado, y en él beben los pastores y cazadores durante todo el año, aún en los meses de verano.

 

SOPALMITO, Cueva de

Bandolero Pasos LargosEn esta pequeña cavidad, cercana al Cortijo de Lifa, situado en el valle de dicho nombre, sitúa la leyenda la muerte del bandolero Pasos Largos. Juan José Mingolla había nacido en una venta cerca del Puerto del Viento, al lado del camino que une El Burgo con Ronda. Allí sus padres regentaban ese pequeño negocio dando posada a los arrieros que llevaban sus mercancías de un pueblo al otro. El apodo le venía de su abuelo, pero él también demostraría ser digno de él en sus correrías por el monte huyendo de la justicia. Una disputa con los dueños del cortijo vecino El Chopo, terminó en el asesinato de éstos, por lo que durante 15 años estuvo en la cárcel. Cuando recobra la libertad, vuelve a sus tierras y se dedica al furtivismo y a pequeños hurtos.

Su fama de bandolero comienza a extenderse y causa temor entre la gente acomodada. Sin embargo, también la leyenda habla de un personaje generoso con los más desprotegidos. De extraña personalidad, siempre vivió al margen de las normas sociales.

En esta cueva sitúan la muerte de nuestro personaje en un tiroteo con la Guardia Civil allá por 1.934. Otra versión de los hechos dice que fue cobardemente asesinado por otros furtivos paraganarse la protección de los poderosos.

 

 

TOMA Y BEBE, Cueva de
Esta cueva de pequeño tamaño se halla situada en la parte alta de la Sierra de Camorolos, sobre el pueblo de Villanueva del Rosario. Allí nos narraron el relato siguiente (22):

Se cuenta que cierto día un pastor de la zona se encontraba en el interior de la cueva saciando su sed con el agua de una poza que en ella se conserva, incluso en los meses de verano y en aquellos años en que llueve poco. En eso estaba cuando oyó un ruido en el exterior y se percató que alguien se disponía a entrar. Con esa precaución eterna que tienen estos lugareños, el pastor se escondió en un recodo de la sala para controlar mejor al visitante. El recién llegado no encontró con facilidad el jarrillo que solía haber en el lugar para uso común de todos los que allí llegaran, y andaba trasteando de un lado a otro en la penumbra a la que sus ojos no se terminaban a acostumbrar.

El pastor, que permanecía agazapado en la oscuridad, al ver tan cómica situación, se limitó a alargar la mano con el jarrillo, al tiempo que decía Anda, toma y bebe. El otro que no lo identificó, se asustó de semejante aparición, y retrocedió hacia la salida con tal ímpetu, que se dio un fuerte golpe en la cabeza causándole al instante la muerte.

Hay otra versión de esta historia que dice que el hombre salió espantado de la cueva y corrió hacia el pueblo de tal forma, que murió a los pocos minutos de contar que en una cueva de la sierra se había topado con el mismo diablo.

 

TORO, Cueva del
Diario Grupo GEMAEn las afueras de Torremolinos, en un cerro situado por encima de los pinares, ha sido conocida desde siempre una cueva de medianas dimensiones que ha atraído a curiosos de todos los tiempos, (23) y en la que varias generaciones de espeleólogos de Málaga han dado sus primeros pasos en la exploración de cuevas (24).

"Exploración de la Cueva del Toro". Diario Grupo GEMA

A unos cincuenta o sesenta metros de la entrada, se encuentra una sala de medianas dimensiones, en un extremo de la cual se encuentra una enorme colada estalagmítica cuyo frontal se asemeja a la silueta de un toro, siempre que hagamos un auténtico alarde de imaginación.

 

Cueva del ToroPues bien, sobre esta cueva, existe la leyenda que de ella parte un pasadizo que conduce hasta el mar y por el que un grupo de moriscos rebeldes logró huir a través de él para tomar una embarcación que les esperaba en la playa y así poder regresar a su país. En la huida no pudieron llevarse con ellos el fabuloso tesoro que poseían por lo que debieron esconderlo en la propia cueva con la intención de recuperarlo posteriormente. Así reza el dicho popular que detrás del toro está el tesoro. El resultado de tales especulaciones es que en la sala del Toro nos podemos encontrar con una buena colección de boquetes, algunos de dimensiones considerables, de los que generación tras generación han creído dar con el emplazamiento exacto del lugar en que fue enterrado el famoso tesoro.

Este tipo de leyendas es muy conocido en toda la geografía española, en la creencia de que todos los musulmanes que vivieron en España durante la dominación habían acumulado fabulosas fortunas, que al marcharse precipitadamente, debieron abandonar en todo tipo de escondrijos.

VALLE HERMOSO, Cueva del
Entre los pueblos de Cañete la Real y Olvera, éste ya en la provincia de Cádiz, se extiende un valle conocido por el Valle Hermoso. En él tuvieron lugar los hechos que forjaron la conocida leyenda de la Virgen de Cañosantos (25).

Hacia el año 1.512 se encontraba un vaquero llamado Tello Pascual apacentando su ganado en dicho valle. Fue observando que a menudo le desaparecía una res del ganado y no lograba saber dónde se metía. Queriendo averiguarlo un día se puso a vigilarla atentamente. Cuando vio que se separaba del ganado, empezó a seguirla, y vio que entraba por un hueco que había oculto tras unos matorrales. Entró en él y se encontró en una espaciosa cueva de techo alto y con gruesas estalactitas. En el centro de la sala se alzaba una especie de trono de piedra del que salía un caño de agua abundante, y sobre él, nimbada de luz se encontraba la imagen de la Virgen. Delante de ella se hallaba la res con las patas delanteras dobladas en tierra. El vaquero se postró también en adoración y luego salió corriendo a dar la noticia al cercano pueblo de Olvera. Las autoridades y el clero de la localidad se apresuraron a llegar a la cueva, comprobando el prodigio. Se procedió al traslado de la imagen a la iglesia con gran solemnidad. Pero al día siguiente, con gran asombro, comprobaron que la imagen había desaparecido. Pasaron los días y el vaquero volvió al pueblo con una noticia asombrosa: la imagen había aparecido otra vez en la gruta sobre el mismo caño. Se volvió a llevar a la iglesia y volvió a suceder lo mismo. Así sucedió hasta tres veces.

Virgen de-CanosantosEntonces la gente comprendió que la Virgen quería recibir culto en el mismo Valle Hermoso. Los propietarios de aquellas tierras, los duques de Osuna, construyeron una capilla en donde recibió la Virgen adoración. Más tarde, los duques cedieron los terrenos a los religiosos Terceros Descalzos, que construyeron un monasterio. En la biblioteca de este monasterio se encuentra el manuscrito que recoge esta leyenda. Durante más de ochocientos años la imagen permaneció en dicho monasterio, en el Valle Hermoso. Pero en el primer tercio del siglo XIX tuvo lugar un litigio entre Olvera y Cañete la Real porque ambos pueblos querían tener la imagen. Se resolvió la cuestión dividiendo la escultura en dos y cada pueblo reconstruyó la otra parte.

La imagen a pesar de permanecer tantos años en la gruta, y ser de madera, no se había estropeado y conservaba vivos sus colores. Lo más probable es que cuando la invasión de los musulmanes, los cristianos la escondieron aquella gruta donde permaneció hasta 1.512.

En el pueblo de Cártama existe una leyenda similar sobre la Virgen de los Remedios que es encontrada en el monte por un pastor, y al ser llevada a la iglesia del pueblo, desaparece y vuelve a ser encontrada en el lugar de la primitiva aparición.

 

 

 

NOTAS

(1) Recopilada por los autores del artículo, de viva voz de un pastor que vive en la zona.

(2) VAZQUEZ OTERO, Diego: op. cit. pgs. 341-347.

(3) ESPINEL, Vicente: "El escudero Marcos de Obregón". Ed. Ramón, Sopena ,Barcelona, 1.965. pgs. 98-100.

(4) VAZQUEZ OTERO, Diego: op. cit. pgs. 341-347.

(5) ídem. pgs. 105-111.

(6) ídem. pgs. 387-389.

(7) La leyenda fue recogida por los autores del artículo de un grupo de pastores reunidos en un bar de Júzcar, y confirmada otros pueblos de la zona.

(8) Periódico SUR. Málaga. Enero 1.977.

(9) CABRERO GARCIA, Rosario: "La Cueva del Gato". Ed. Caja de Ahorros de Ronda. Málaga, 1.976.

(10) CARTER, Francis: "Viaje de Gibraltar a Málaga". Ed. Ecxma. Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 1.981, pgs.17-118.

(11) MORA FIGUEROA, Luis de: "Pioneros del Complejo hipogeo Hundidero-Gato (Serranía de Ronda), Málaga". Actas IV Congreso Nacional de Espeleología. Tomo II.

(12) LAZA PALACIOS, Manuel: "Los santuarios prehistóricos de la Costa Sur de España". Revista Gibralfaro. Málaga, 1.972, pgs. 10-11.

(13) GARCIA DE LA LEÑA, Cecilio: "Conversaciones históricas Malagueñas ó materiales de noticias seguras para formar la historia civil, natural y eclesiástica de la M.I. ciudad de Málaga". Tomo I. Málaga, 1.789, pgs. 113-116.

(14) LAZA PALACIOS, Manuel: "Episodios Malagueños". Ed. Imprenta San Andrés. Málaga, 1.975.

(15) GARCIA DE LA LEÑA, Cecilio: op. cit. pgs. 117-120.

(16) LAZA PALACIOS, Manuel: op. cit. pg. 35.

(17) LAZA PALACIOS, Manuel: "Los santuarios prehistóricos de la Costa Sur de España". Rev. Gibralfaro. Málaga, 1.972. pg.l0.

(18) Queremos agradecer al Grupo Espeleológico de Campillos la amabilidad al darnos los datos referidos a esta leyenda.

(19) S.E.M.: "Guía espeleológica de Marbella". Marbella, 1.985. pg. 33.

(20) Esta leyenda fue contada a la autora de este artículo, por Frasquito Corro, que vivía en la finca de La Azucarera.

(21) VAZQUEZ OTERO, Diego: "Pueblos Malagueños". Tomo II. Ed. Excma. Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 1.966. pg.41.

(22) En varios pueblos de la zona se cuenta la leyenda con ligeras diferencias de una a otra, pero siempre igual en lo esencial.

(23) JIMÉNEZ REYNA, Simeón: " Memoria arqueológica de la provincia de Málaga hasta 1.946". Informes y Memorias n.l2. Comisaria General de Excavaciones Arqueológicas. Madrid, 1.946. pgs. 23-24.

(24) BERROCAL PEREZ, J.A. y WALLACE MORENO, Loreto: “Guia de las Cuevas de Malaga “. pg. 40.

(25) VÁZQUEZ OTERO, Diego: "Pueblos Malagueños" Tomo I. Excma. Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 1.966. pg. 340.

 

ENLACES

Bandolero Juan Mingolla Gallardo "Pasos Largos", (1) y (2)

Bandoleros, Cueva de Mariavela, (1)

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