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Actas II Congreso Andaluz: Vegetación Indicadora de la Presencia de Cavidades Kársticas Imprimir E-Mail
Escrito por Alvaro Mateos Torés   
miércoles, 25 de noviembre de 2009

Vegetación Indicadora de la Presencia de Cavidades Kársticas

Indicator plants of caves presence

Álvaro MATEOS TORÉS

Grupo de Exploraciones Subterráneas de la Sociedad Excursionista de Málaga

Avda. República Argentina, 9. 29016 Málaga

Resumen:

La observación de ciertas plantas en terrenos kársticos es una herramienta útil para localizar cavidades durante la prospección del terreno. Esto, unido al análisis de los rasgos geológicos karst, puede facilitar mucho esta labor. Las principales características de estas plantas son: tener un desarrollo mayor que las plantas de alrededor o ser especies que necesitan forzosamente las condiciones que encontramos en la entrada a una cavidad. Dichas condiciones: humedad, temperatura, materia orgánica, granulometría del suelo, iluminación, etc., son las responsables de este crecimiento diferencial en las zonas de estudio. Es posible el entrenamiento de la habilidad para detectar estos indicadores, como otro recurso más en la prospección espeleológica.

Palabras clave: vegetación indicadora, especies relictas, prospección espeleológica, climatología espeleológica.

Abstract:

The observation of certain types of plant in karst areas is useful for cave prospecting. This, in addition to the observation of geological features, can make this task easier. The main characteristics of these plants formations are: increased growth and abundance of plants that thrive in near-cave conditions. These conditions being high humidity, specific temperature, organic matter within the soil composition, soil particle diameter, illumination, etc. All of these are responsible for this differential growth. The possibility of training in the detection of these plant formations is another tool in cave prospecting.

Key words: indicator plant, ancient woodland indicator species, caving prospecting, cave climate

Sumario:

1. Consideraciones previas

2. Introducción

3. Análisis

3.1. Características geológicas y climáticas de la entrada a una cavidad.

3.2. Fisiología y morfología de las plantas adaptadas.

3.3. Especies destacadas como indicadoras.

3.4. Signos de utilidad para la prospección espeleológica.

4. Conclusiones

5. Agradecimientos

6. Bibliografía

1. Consideraciones previas

El presente estudio pretende demostrar la utilidad de la vegetación como indicadora de posibles cavernamientos del Karst. No se trata de hacer una recopilación exhaustiva de datos, ni se pretende poner a la vegetación como síntoma principal e inequívoco de la existencia de cavidades, sino que intentaremos desarrollar una herramienta poco estudiada y que puede ser de interés en la labor prospectiva del terreno.

Este trabajo se ha desarrollado principalmente en el sur de la Península Ibérica, por lo que debe tenerse en cuenta que la vegetación y clima predominantes son mediterráneos. No obstante, gran parte de los conceptos e incluso especies del estudio, son extrapolables a otras zonas geográficas.

Por el notable número de imágenes demostrativas, se aconseja la revisión del artículo en soporte informático, para poder apreciar las fotografías con la máxima calidad.

2. Introducción

Con frecuencia, durante los trabajos de prospección del terreno en espeleología, algún árbol llamativo, o zonas de matorral destacadas, nos hacen sospechar de la posibilidad de que haya una cavidad bajo ellos. En efecto, en muchas ocasiones la vegetación que circunda a las simas o cuevas es diferente de la del resto del entorno. Trataremos de profundizar en su motivo y determinar cuales son los parámetros o especies que toman parte en ello.

Se podría hacer un estudio sobre la vegetación presente en las bocas de las cavidades, contabilizando numerosas especies que en su gran mayoría son de escaso tamaño (briofitos y helechos, por ejemplo) pero esto no nos sería de utilidad alguna para la detección a distancia de cavidades kársticas. Sin desmerecer a ese hipotético estudio científico, este trabajo pretende ser más técnico. Nos centraremos en especies y aspectos visibles desde la distancia.

Para un correcto análisis y mejor comprensión del estudio, se ha dividido el trabajo en los siguientes apartados de orden lógico:

  1. Características geológicas y climáticas de la entrada a una cavidad.
  2. Fisiología y morfología de las plantas adaptadas.
  3. Especies destacadas como indicadoras.
  4. Signos de utilidad para la prospección espeleológica.

El orden de estos apartados es importante, se aconseja no saltarse ninguno, ya que los últimos se entienden gracias a los primeros.

3. Análisis

3.1. Características geológicas y climáticas de la entrada a una cavidad.

Las particularidades geológicas y climáticas del entorno a la boca de una cueva o sima, son determinantes en la aparición de vegetación diferente de la del resto del entorno. En nuestra revisión, hemos encontrado los siguientes factores de importancia:

  1. El entorno de las bocas suele tener mayor cantidad de suelo (tierra) que otras zonas lejanas a la cavidad.
  2. El suelo normalmente es más arcilloso.
  3. El suelo existente alrededor de las cuevas, suele tener mayor contenido de materia orgánica.
  4. Con frecuencia, la existencia de una cavidad, implica un mayor contenido de agua en el suelo.
  5. La humedad relativa del aire existente junto a una cueva es alta.
  6. La temperatura junto a las bocas de las cuevas es más fresca que en el exterior en las estaciones calurosas. En general, se registran temperaturas más estables a lo largo del año, al igual que en el interior de las cavidades.
  7. Los primeros metros de la entrada de una cavidad están al abrigo del sol directo, pero tienen cierta cantidad de luz.

A continuación se desarrollan las consecuencias de cada factor:

1. Mayor cantidad de suelo:

Esto se da sobre todo alrededor de las entradas que funcionan como sumidero. Con frecuencia, las simas están en el fondo de un embudo del terreno, al que son arrastradas por la lluvia las partículas de suelo de los alrededores. Buena parte de este suelo entra en las cavidades, pero aún queda una fracción importante alrededor de las mismas.

La mayor presencia de vegetación, además, favorece la formación de suelo por descomposición de las rocas. Este, es un fenómeno algo complejo: inicialmente, por diversos factores que aún tenemos que explicar, aparece cierta cantidad de vegetación. Dicha vegetación, como ocurre con todas las plantas, contribuye a la formación de suelo, ya que rompe mecánicamente las rocas con las raíces y sobre todo, segrega sustancias ácidas que disuelven la roca, formándose aún más tierra. La materia orgánica que aportan las plantas al renovar las hojas o morir, pasa también a engrosar el volumen de suelo existente. De nuevo los ácidos húmicos y fúlvicos que se generan en la descomposición de la materia orgánica vegetal, contribuyen a la descomposición de la roca (estos ácidos, forman un papel importante también en la propia formación de las cavidades). Por otra parte, la propia vegetación puede servir de “red” en la que quede atrapada la tierra que es arrastrada hacia la cavidad.

2. Mayor fracción arcillosa:

El suelo está formado por partículas de diferente tamaño. Según el diámetro de las partículas existe la siguiente clasificación (granulometría):

Arcillas < 0,002 mm

Limos 0,002-0,06 mm

Arenas 0,06-2 mm

El suelo está formado por una mezcla de arena, limo y arcilla en proporciones variables. Un contenido mayor en arcilla, implica mayor fertilidad. Esto se debe a una serie de fenómenos como consecuencia de que la arcilla tiene mayor superficie exterior respecto al volumen de la partícula. El agua y los nutrientes se adhieren a las partículas del suelo. Como la arcilla tiene mucha superficie en poco volumen en comparación con la arena (tendremos muchos granos de arcilla en el volumen que ocuparía un solo grano de arena) la arcilla tiene mayor capacidad para retener estos nutrientes y el agua. En consecuencia de todo esto, las plantas crecerán mejor en un suelo de este tipo.

3. Mayor contenido de materia orgánica:

Como ya hemos comentado antes, dado que suele haber más vegetación alrededor de las cavidades, se produce una acumulación de restos de materia orgánica. La mayor humedad del suelo alrededor de la cueva, también contribuye a que haya una degradación más progresiva de la materia orgánica, manteniendo el suelo un mayor contenido. Esto no sólo afecta a la fertilidad del suelo, sino que puede llegar a modificar las especies que puedan estar presentes: esto se desarrollará en el apartado de fisiología y morfología.

4. Mayor contenido de agua en el suelo:

Por un lado, tenemos con frecuencia, como se ha comentado, un suelo con mayor contenido en arcilla, la cual retiene muy bien el agua. A esto también contribuyen las plantas, la materia orgánica del suelo y la propia humedad del aire que emana de la cueva.

Por otro lado, y muchas veces más importante, es la existencia de corrientes de agua subterráneas próximas a la superficie. En estos casos, los signos visibles en el exterior pueden ser muy llamativos.

5. Alta humedad relativa del aire:

El aire en el interior de las cuevas tiene cerca del 100% de Humedad Relativa. Al salir de las cavidades, este aire cargado en agua, cede parte del agua al suelo y enfría el ambiente circundante durante las horas de mayor insolación, con lo que se crea un microclima favorable para muchas plantas. El exceso de sequedad ambiental, llegaría a detener la respiración de las plantas y por tanto, su desarrollo.

6. Mayor frescura en verano y en general, estabilidad térmica:

Las cavidades mantienen más o menos estable la temperatura a lo largo del año, siendo ésta similar a la media anual de la zona y con una humedad relativa máxima.

Relacionado con lo introducido en el punto anterior, el aire húmedo que sale del interior de las cavidades, además de aportar humedad, hace que se enfríe el ambiente cuando hay altas temperaturas en el exterior. La evaporación del agua, implica un enfriamiento de las superficies húmedas. De este modo, en verano, el aire que sale a menor temperatura y mayor contenido de agua que en el exterior, incrementa la humedad ambiental y disminuye la temperatura al mismo tiempo. En nuestras latitudes, dada la relativa sequedad del clima, es más importante para el desarrollo de las plantas la disponibilidad de agua en verano y la reducción de las temperaturas en ese momento. Sin embargo, como veremos más adelante, la salida de aire más cálido que el exterior en invierno (y de nuevo, cargado de humedad) puede dar lugar a rasgos llamativos en la vegetación.

7. Luz sin insolación directa:

Este tipo de ambiente es muy favorable para algunas plantas, como el musgo y los helechos, que servirán de base para el desarrollo de otras que podremos divisar en la distancia. En los primeros metros de una cavidad hay luz suficiente como para que tenga lugar la fotosíntesis, pero al no haber insolación directa, la desecación del suelo es menor y se favorecen los procesos germinativos.

3.2. Fisiología y morfología de las plantas adaptadas

En la entrada de las cuevas y simas podemos encontrar plantas que se vean beneficiadas con las condiciones reinantes e incluso plantas que necesiten forzosamente esas condiciones para poder vivir (a veces, plantas que tendrían muy difícil su desarrollo en un territorio determinado, encuentran refugio en estos lugares). Por tanto, entendemos que habrá dos tipos de vegetación que puedan darnos pistas:

  1. Formaciones vegetales propias del terreno, pero con el aspecto modificado (generalmente, mayor desarrollo).
  2. Formaciones vegetales infrecuentes en la zona.

El primer grupo estará formado por comunidades compuestas por las mismas plantas que podemos encontrar lejos de la cavidad, pero que gracias a las mejores condiciones para su crecimiento presentarán algunas características notorias, principalmente:

1. Ser más grandes y frondosas que las del resto de su especie en la zona.

2. Tener un color verde más claro por su más rápido desarrollo (mayor proporción de hojas jóvenes).

3. Formar grupos más espesos o numerosos que en otros lugares.

Una sima con una buena cantidad de tierra acumulada alrededor, permitirá la formación de pequeños bosquecillos (influyen principalmente la cantidad de suelo, la humedad y la materia orgánica del mismo). Igualmente ocurrirá si existe un curso de agua subterráneo próximo a la superficie. En este caso, se podrán observar zonas de vegetación muy desarrollada en líneas (sobre el curso subterráneo). En el clima mediterráneo, hay muchas plantas con las hojas coriáceas (como el cuero: de hojas muy duras en su madurez, para estar bien adaptadas a la fuerte desecación ambiental) que además, con frecuencia son de color oscuro. El color verde más claro, es propio de las hojas nuevas (si hay muchas, nos indicará un fuerte desarrollo) o de hojas que no han llegado a endurecerse por no tener que soportar la sequía (alta humedad en suelo y entorno).

El segundo grupo estará integrado por comunidades vegetales el las que se integran plantas poco frecuentes en la zona, que consiguen sobrevivir gracias a las condiciones especiales del entorno de la cavidad. Entre ellas están algunas especies que necesitan mucha humedad para vivir (especies higrófilas) o mucha materia orgánica (especies nitrófilas). Si sabemos identificarlas desde lejos, estas plantas serán de gran utilidad por ser muy significativas.

3.3. Algunas especies destacadas como indicadoras

Sin tratar de ser exhaustivos, ya que como se ha comentado anteriormente son más importantes los caracteres morfológicos que las especies en sí, cabría destacar las siguientes especies por su frecuencia y utilidad como indicadora

Higuera (Ficus carica L.) fig. 1 y 2: Se trata de un árbol o arbusto de porte mediano relativamente frecuente en la cuenca mediterránea. Es una especie de hojas grandes y con frecuencia claras, con el tronco gris blanquecino. Es de hoja caduca, por lo que nos será más fácil reconocerlo de primavera a otoño. Supone uno de los mejores indicadores sobre karst de yeso. En el karst de yesos de Sorbas, se dice que hay una entrada bajo cada higuera. Esto no dista mucho de ser exacto, aunque como ocurre con frecuencia, ello no quiere decir que las aperturas sean franqueables. En afloramientos aislados de yeso, como ocurre con los yesos triásicos de la zona de Antequera, también es una especie que aparece a modo de bandera sobre algunas cavidades difícilmente detectables (por estar junto a campos de cultivo, etc.).

Adelfa (Nerium oleander L.) fig. 3 y 4: Arbusto típico de riberas, muy conocido por ser usado actualmente en jardinería y en las medianas de las autovías. Es de porte globoso, hojas oscuras y alargadas y flores rosadas en la forma silvestre. Nos puede ser útil tanto su aspecto en comparación con otras adelfas de la zona, como su presencia en lugares aparentemente ilógicos, como por ejemplo, fuera de cauces de arroyos. Aunque es un arbusto resistente a la sequía, crece preferentemente sobre arroyos y zonas con gran humedad estacional. No despreciemos este indicador, curiosamente, su nombre científico proviene del latín “neros”: humedad. Se trata de una especie netamente higrófila, aunque por la extensión de su sistema radical puede aparecer a veces alejada del agua.

Almez (Celtis australis L.) fig. 5 y 6, y otras frondosas: Sin ser una especie destacada por su casuística, puede servir como ejemplo de otros árboles de su tipo. Lo hemos elegido como “representante” por haber dado lugar a uno de los casos más bellos en Andalucía: el almez de la boca de la Cueva de los Órganos (Mollina-Málaga). Estos árboles se caracterizan por tener hojas más grandes y de color muy vistoso en comparación con las especies de hojas coriáceas como la encina o el acebuche. Además, esta especie caduca, tiene una floración primaveral sin presencia de hojas, lo que los hace unos árboles muy llamativos y fáciles de ver por su blancura desde lejos.

Zarza (Rubus ulmifolius Schott) fig. 7 y 8: La zarza es un arbusto trepador que crece de forma profusa e intrincada cuando las condiciones lo permiten. Su aspecto desde lejos, puede llegar a ser la de una gran masa de color muy oscuro (por la oscuridad propia de sus hojas y por el color purpúreo de sus tallos). Es fácil encontrarla junto a arroyos y no es difícil su identificación en la distancia. Con frecuencia, tapa por completo las entradas de simas y cuevas al desarrollarse allí especialmente por la humedad proporcionada. No es una planta fácil de encontrar en zonas secas, por lo que puede ser un buen indicador. En ocasiones, por su agresivo crecimiento y temibles púas, nos impide la simple verificación de la existencia de una cavidad bajo ellas. Lo razonable en estos casos es usar unas tijeras de podar (sin excederse), mucha precaución y paciencia.

Hiedra (Hedera helix L.) fig. 9 y 10: La hiedra es una planta trepadora muy vigorosa. Posee ramas lignificadas y sus hojas son relativamente blandas y lustrosas (características de especies no adaptadas a fuertes sequías).

Otros árboles y arbustos del matorral esclerófilo mediterráneo (figuras 11 a 16): Algunas especies típicas de la zona, pueden llegar a presenta un desarrollo notorio desde lejos, por su porte, coloración más clara de las hojas, etc., o formar alineaciones junto a manantiales, como es el caso del junco (generalmente Scirpoides holoschoenus L.) o de álamos y chopos (Populus spp.). A continuación se plasman algunos ejemplos con imágenes:

Ortigas (Urtica spp. y Parietaria spp.) fig. 17 y 18: Aunque el porte de estas plantas es bastante pequeño, pueden ser detectadas desde distancias medianas. Las ortigas son plantas que necesitan niveles relativamente altos de nitrógeno en el suelo (nitrófilas), por lo que en ocasiones pueden ser indicadoras. No obstante, conviene tener en cuenta que en nuestras latitudes las encontraremos con frecuencia en abrigos utilizados para resguardar al ganado. La existencia de estiércol es la fuente principal en estos casos del nitrógeno que necesitan estas plantas.

Líquenes epifitos (fig. 19 y 20): Dentro de este grupo se engloban varias especies que colonizan las ramas de árboles y arbustos presentes en las entradas a algunas cavidades., Para que se desarrollen de forma visible, la humedad del aire debe ser muy alta, por lo que su presencia en zonas semiáridas (típicas de algunas sierras andaluzas) suele ser síntoma inequívoco de la presencia de una cavidad (hablamos de zonas relativamente secas). Estas plantas podrán ser observadas sin ser indicadores en bosques muy húmedos como en los Pirineos o las sierras aljíbicas.

3.4. Signos de utilidad para la prospección espeleológica (ejemplos prácticos)

Una vez revisada toda la información anterior, repasaremos la casuística más común de las plantas indicadoras, usando ejemplos observados como guía para la detección de nuevas cavidades. A partir de los ejemplos que vamos a enumerar, podremos descubrir o deducir muchos más casos de los que a continuación se exponen.

  1. Ejemplares de especies frecuentes en la zona, pero con mejor estado vegetativo (colores más vivos o mayor tamaño) o mayor concentración por metro cuadrado:

En la fig. 21 se muestra una imagen típica de coladas volcánicas en la isla del Hierro. Se trata de un conjunto de plantas, algunas suculentas, predominando los géneros Rumex, Senecio y Opuntia. Dichas plantas son relativamente frecuentes, pero las zonas como ésta, de erupciones “recientes” no tienen manchas de vegetación importantes. Un caso como éste, indica sin duda un gran aporte de humedad (es destacable el goteo que podemos llegar a apreciar en tubos volcánicos incluso a poca profundidad). Figura 21

No se trata por tanto de una irregularidad del terreno o una simple hondonada, que también las hay en gran cantidad, sino la entrada a un tubo volcánico.

  1. Presencia de un ejemplar de especie infrecuente en la zona:

Figura 22

Caso del Almez de la Cueva de los Órganos (fig. 22). Aunque lo vemos en esta imagen desde la posición más difícil para detectar la cavidad, el tono de las hojas delata rápidamente que se trata de una planta inusual y que dispone de agua en abundancia, ya que sus hojas no son coriáceas como en los árboles circundantes.

  1. Alineación ilógica de plantas:

Figura 23

En la figura 23 se observan tres alineaciones de adelfas convergentes. Las de ambos laterales están sobre cauces de arroyos, pero la central es extraña, acaba enseguida en una pared rocosa y no continúa. Está delatando la presencia de una surgencia estacional: el “Trop Plein” de la Fájara en Canillas de Aceituno (Málaga).

  1. Alta densidad de una especie nitrófila:

Dos vistas de la entrada a la Cueva del Yeso de Baena (fig. 24 y 25). Además de tener una higuera sobre ella (en este caso difícil de reconocer por estar sin hojas en invierno) se aprecia abundante vegetación de color verde vivo y pequeño porte. La humedad y acumulación de materia orgánica hacen que el nivel del contenido de nitrógeno en el suelo se incremente, favoreciendo el crecimiento de estas plantas.

  1. Manchas verdes en la roca por presencia de algas (corrientes de aire húmedo):

Figura 26

En algunos casos como el presente (figura 26), aunque no haya sustrato suficiente para el crecimiento de plantas, las algas unicelulares sí pueden crecer, apareciendo manchas verdes sobre la roca, fruto de la constante humedad en la zona de salida.

4. Conclusiones:

  • Existen plantas que nos pueden indicar la localización de las bocas de cavidades kársticas.
  • Dichas plantas destacan a simple vista por su notorio porte, o por ser especies raras en la zona.
  • Prestar atención a la presencia de estas plantas puede favorecer en gran medida las labores de prospección espeleológica.
  • No se trata de indicadores inequívocos, deben ser considerados en concordancia a las singularidades geológicas del terreno.
  • Como siempre, en la prospección espeleológica, la certeza de la existencia de una cavidad, no implica que esta sea penetrable. Sin embargo, cualquier cavidad, penetrable o no, puede generar las condiciones necesarias, a priori, para el crecimiento de especies indicadoras junto a su entrada.

5. Agradecimientos:

Quisiera agradecer a todos aquellos que me han proporcionado fotografías para el presente trabajo (se hayan incluido o no): José Pinto, Manuel Jiménez, y muy especialmente al Herbario Virtual del Mediterráneo Occidental de la Universidad de las Islas Baleares, por la cesión de las fotografías utilizadas (todas las que llevan la especie anotada en amarillo en pie de imagen) ya que han supuesto buena parte de las utilizadas en este trabajo y porque son de gran calidad: gracias por vuestra labor. También he de agradecer a D. Antonio Ruiz Ruano (espeleólogo e Ingeniero Técnico Agrícola) sus indicaciones en la búsqueda de bibliografía y contactos personales. Por último, quiero agradecer especialmente a mi buen amigo Gonzalo González Jurado (Botánico e Ingeniero de Montes) la revisión y comentarios sobre todo el trabajo.

6. Bibliografía:

J. J. HERRERO-BORGOÑÓN, 1986. “La flora de las simas valencianas. Contribución a su estudio". Ed.: Federación territorial valenciana de espeleología.

J. J. HERRERO-BORGOÑÓN y J. V. GONZÁLEZ, 1993. “APROXIMACIÓN A LA FLORA Y FAUNA CAVERNÍCOLAS DE LA SAFOR (VALENCIA)”. Ed.: Generalitat Valenciana. Consellería de Medi Ambient.

J. J. HERRERO-BORGOÑÓN, 2003. “Importancia de las cavidades subterráneas para la conservación de la flora en ambientes mediterráneos”. Boletín nº 4. SEDECK

Páginas de internet:

http://herbarivirtual.uib.es - Herbario Virtual del Mediterráneo Occidental de la Universidad de las Islas Baleares.

 

 

NOTA: Debido al importante número de ilustraciones que documentan este artículo, pinchad aquí su descarga en formato PDF. En este apartado sólo incluimos el texto

 

 

 

 

 

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